Nuestro compromiso como Sociedad Chilena de Reiki es mantener y fortalecer nuestra maestría, integrando los principios espirituales del Reiki en nuestras vidas diarias. Nos dedicamos a practicar y recibir tratamientos, lo que nos permite continuar nuestro entrenamiento profesional y fomentar nuestro crecimiento tanto espiritual como personal. Reconocemos que, en este viaje, somos estudiantes, maestros, iniciadores y mentores, no solo en nuestra vida cotidiana, sino también en el acompañamiento a nuestros miembros verificados.
Al elegir ser parte de una comunidad de Maestros de Reiki, aspiramos a explorar el camino de la maestría, entendiendo que el verdadero crecimiento se logra en colaboración y apoyo mutuo. En palabras de Mikao Usui: «La verdadera sanación comienza con el amor y la paz interior», y es precisamente este amor y paz lo que buscamos cultivar en nuestra comunidad.
Además, como señala el reconocido autor espiritual Deepak Chopra: «La espiritualidad es el arte de vivir con conciencia», lo que nos invita a vivir con plena atención y conexión a nuestro entorno y a nosotros mismos. Esto se traduce en un compromiso continuo de aprendizaje y práctica, donde cada uno de nosotros contribuye al desarrollo colectivo.
En nuestra búsqueda de la maestría, reconocemos la importancia de nutrir nuestras relaciones con los demás. La psicóloga y autora Brené Brown dice: «La vulnerabilidad es el lugar donde comienza la creatividad, la innovación y el cambio». Al abrirnos a la vulnerabilidad, fomentamos un entorno donde todos pueden expresarse y crecer.
Cada día, elegimos ser agentes de sanación y transformación, apoyándonos mutuamente en nuestro camino. Como miembros de la Sociedad Chilena de Reiki, entendemos que nuestro crecimiento no solo enriquece nuestras vidas, sino que también impacta positivamente a quienes nos rodean. En este sentido, recordamos las palabras de Usui: «El Reiki es una forma de vivir que nos ayuda a ser más conscientes y compasivos».
Así, juntos, nos esforzamos por desarrollarnos como personas cada día, entendiendo que cada experiencia es una oportunidad para aprender y sanar. Al compartir nuestras experiencias, creamos un espacio sagrado de confianza y respeto, donde cada miembro puede florecer y encontrar su verdadero propósito. Nuestro viaje hacia la maestría es, en última instancia, un viaje de amor, conexión y luz, tanto para nosotros mismos como para los demás.
